-¿Y si no existe el final?- dijo el joven.
-Tiene que existir. ¿O te imaginas acaso que tuvieses que vivir para siempre, con lo fatigoso que es?- replicó el viejo.
- A mi no me resulta fatigosa.-
- ¡Ay, muchacho! Eso es porque estas en la flor de la vida.-
-Pero suponiendo que no tenga fin, cree…
- Suponiendo ¿no, muchacho?-
- Si, ¿usted cree en Dios?-
-Pues claro. Que preguntas más tontas hacéis los chicos de ahora.-
-Dios promete la vida eterna.- Los ojos del muchacho brillaron en un reflejo de su astucia.
-Cierto, pero dudo mucho que sea una vida. Más bien una existencia.- El anciano tenía la respuesta preparada desde hace tiempo.
- ¿Querrá usted decir presencia?-
- Explícate chico, que estoy mayor y no me entero de las cosas.-
- Mi teoría es que una vez morimos, seguimos teniendo lo que llamamos alma, con los recuerdos y todo, pero sin cuerpo físico, y con lo cual sin necesidades vitales. Somos una presencia.- Esbozó una sonrisa. Espíritus.
- Me acabas dando la razón. No existe vida después de la muerte. Pero si hay existencia.- El rostro del viejo recobró un poco de su vitalidad al saberse ganador de aquel debate.
-Pero existencia es poseer un cuerpo físico. Y según lo que me da a entender, solo somos… ¿Qué somos?-
El alma del abuelo se apagaba por momentos en aquella camilla de hospital.
-Hijo, te lo diré dentro de un rato, cuando lo sepa.- Aquellas fueron sus últimas palabras.
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